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dimecres, 22 de maig del 2024

Masiva movilización contra el odio a la lengua catalana

 

Publicat originalment a Sin Permiso (10-05-2024)

En un artículo publicado aún no hace un año en Sin Permiso, y titulado “Viraje a la extrema derecha en las Illes Balears”, escribí: “Un aspecto importantísimo del pacto PP-VOX es la articulación de un plan de ataque en toda regla a la lengua propia de las Illes Balears, el catalán. Una lengua que precisa de una decidida intervención de los poderes públicos para evitar su paulatino desuso social. Por eso, la política lingüística tendente a impulsar el uso de la lengua catalana en las Illes Balears es un rasgo fundacional de nuestra autonomía. Dicho plan de ataque no tiene otro sentido que fomentar el discurso de odio y la descohesión social, y negar el derecho a ser atendido en catalán en la administración pública, la sanidad, etc.”. Disculpen que inicie estas líneas auto citándome, aunque sea para corregirme. Lo cierto es que en los escasos diez meses de gobierno autonómico del PP (cada vez más secuestrado y cómodamente metabolizado en el fondo -aunque disimulando en las formas- con las “guerras culturales” y con los discursos de odio de VOX), no han desplegado un convencional “plan de ataque”.  Lo que han puesto en marcha es un nuevo intento de eliminación de la lengua catalana en las Illes Balears. En fin, un nuevo Decreto de Nueva Planta.

La escalada de odio es vertiginosa: eliminación del requisito para el personal sanitario público de unos mínimos de conocimiento de catalán, es decir, ataque a los derechos lingüísticos de los y las pacientes. A lo que hay que añadir la incapacidad del gobierno autonómico del PP de despejar la incógnita sobre si también se eliminará este requisito para el conjunto de empleados y empleadas públicos autonómicos; supresión en el organigrama gubernamental de la Dirección General de Política Lingüística que, desde hace décadas, y siguiendo el mandato del Estatuto de Autonomía de las Islas Baleares, ha implementado, con mayor o menor entusiasmo, las acciones públicas de impulso y promoción del catalán. Por el contrario, para escándalo de la ciencia sociolingüística, y del más elemental sentido común, ya han presentado el proyecto de la pactada oficina para la defensa del castellano. Dicho proyecto se retiró temporalmente por el cúmulo de errores técnico-jurídicos que Vox cometió en su elaboración. No es una anécdota ya que el pacto PP-Vox establece que será la ultraderecha quien dirigirá este “chiringuito” para (re)españolizar las Islas Baleares (sic).

En esta escalada del odio hacia la lengua propia de las Illes Balears hay tema un fundamental y transcendental: la aprobación por parte del gobierno del plan de segregación lingüística en el sistema educativo. Como han señalado todas las personas expertas, este plan no es para mejorar -aunque sea modestamente- el sistema educativo desde el punto de vista de recursos pedagógicos. El único objetivo es reducir la presencia del catalán en las escuelas. Dicho plan se presenta hipócritamente como voluntario. Es el concepto de voluntariedad -igual que el de “libertad”- de las derechas de nuestros tiempos: voluntariedad y libertad desde la profundización en la desigualdad. Un oxímoron consistente en incluir en el “club de personas libres” a quienes no tienen -o son precarias- las condiciones materiales para ejercer esta supuesta libertad. En el caso que nos ocupa, los centros escolares que apliquen la segregación lingüística recibirán un plus no menospreciable de recursos económicos, mientras que aquellos que ejerzan la libertad de decir “¡No a la segregación! serán castigados. Entre la segregación lingüística y la segregación por clase social hay una línea finísima, e inexistente es la línea entre la supuesta voluntariedad y el desvío de más recursos públicos a la escuela concertada. Añadamos que el Consejo Escolar de las Illes Balears –el órgano consultivo y de representación para la enseñanza no universitaria-, como la práctica totalidad de la comunidad educativa, rechaza de plano este plan de segregación lingüística y social.

Este es el paquete de medidas contra la lengua catalana puesto en marcha por parte del gobierno autonómico, pero hay más: las de los Consejos Insulares (una especie de diputaciones de elección directa que en cada una de las islas tienen competencias claves), de importantes ayuntamientos como el de la capital, Palma, o el del populoso municipio turístico de Calvià. Incluso, aunque sorprenda, la Casa Real española se ha unido a esta cruzada de odió al catalán.

Pues sí, en un ejercicio de terraplanismo, unos días antes de la gran movilización convocada por la Obra Cultural Balear, el rey Felipe VI concedió el título de Real a la “Academia de la lengua balear”. Es decir, el borbón da apoyo a un grupúsculo de extrema derecha que, desde hace muchos años, defiende que la lengua de las Islas Baleares no es el catalán ¡Un auténtico disparate! Es como si la corona reconociera oficialmente que, pongamos por caso, la lengua de los andaluces y andaluzas no es el castellano, que es el andaluz o sevillano, o malagueño, etc. El escándalo ha sido tal que hasta el PP se abstiene en una petición institucional de rectificación real.

En cualquier caso, lo grave del asunto es que esta decisión Felipe VI la toma a sabiendas de lo que hace y con oscurantismo: conoce suficientemente la realidad de Mallorca pues, desde que nació, es uno de los ocupantes del palmesano Palacio de Marivent; sabe que los ataques contra la unidad de la lengua catalana son ataques contra su fortaleza y reconocimiento; y es consciente de que premia a la extrema derecha que le vitorea cada verano en las calles ¡Y, encima, la Casa Real tiene la desfachatez de justificar este terraplanismo lingüístico en base a unos supuestos informes y opiniones técnicas que se niega a hacer públicos! ¿Alguna duda de las simpatías de la monarquía española hacia la extrema derecha y sobre la falta de la más elemental transparencia? ¡Ninguna! Tampoco parece haber duda alguna sobre la determinación de la mayoría social resumida así: La lengua [catalana] no se toca, la unidad de la lengua tampoco.

Ante este panorama, desde hace meses empieza una reacción social de fondo: nace una plataforma de cerca de 30 organizaciones de la comunidad educativa; reaparecen las camisetas verdes y se reactiva la Asamblea de Docentes que fue clave en la anterior “Rebelión verde en las Islas Baleares”; la Obra Cultural Balear (OCB) -la entidad decana en la defensa del catalán y que nunca falla a la hora de movilizar a la ciudadanía-, calienta motores elevando el tono reivindicativo. Su presidente, Antoni Llabrés, -de reciente elección, por cierto- ejerce y consolida un liderazgo social incuestionable, y muy en consonancia con la historia y trayectoria de la OCB. De él es la frase “Perquè el nostre amor a la llengua i a Mallorca és infinitament més fort que el seu odi” (Porque nuestro amor a la lengua y a Mallorca es infinitamente más fuerte que su odio”), que se ha convertido en una consigna de esta etapa en la que “resistiremos en la defensa de esta tierra del saqueo ético, social, cultural y medioambiental porque, como le dijo en 1855 el Jefe Seattle al presidente de EEUU, Franklin Pierce: La Tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la Tierra"*.

Y llegamos a la gran movilización. La OCB, coincidiendo con el final del “Correllengua” -una gran carrera popular no competitiva que, organizada por la asociación juvenil “Joves per la llengua”, involucra a la gran mayoría de los pueblos de la isla, y en la que los corredores y corredoras se desplazan entre los núcleos llevando una llama encendida que parte del santuario de Lluc simbolizando la reivindicación y vitalidad de la lengua catalana-, convoca a la ciudadanía a concentrarse el 5 de mayo en la Plaza Major de Palma. La convocatoria, respaldada por un gran número de asociaciones de la sociedad civil, partidos políticos, sindicatos, etc., desborda todas las previsiones. Se movilizan más de 40.000 personas con una esperanzadora gran presencia de gente joven. Ante la multitud, el presidente de la OCB planteó la que para mí es una idea clave de su combativo discurso: dirigiéndose a la presidenta del gobierno autonómico, afirma “Ha de elegir […] O está con la mayoría social de Mallorca … o está y continua ignominiosamente arrodillada ante el fascismo”. Antoni Llabrés, ejerciendo su, insisto, consolidadísimo liderazgo social, planteo una movilización sostenida en el tiempo y anunció la próxima cita, el 2 de junio, contra la derogación de la Ley balear de Memoria Democrática.

En esta coyuntura de resistencia en la que, dicho sea de paso, se están fraguando también resistencias al destrozo territorial y a la superlativa turistificación, conviene recordar lo que el maestro Josep Fontana afirmaba en su libro de 2005 “La construcció de la identitat” (La construcción de la identidad): “Una historia es siempre la genealogía de un proyecto social determinado, y no la de una ‘unidad de destino en lo universal’ como las que postulaba el fascismo, definidas arbitrariamente desde arriba e impuestas hacia abajo a sangre y fuego. En este sentido, cualquier comunidad tiene tantas historias posibles como proyectos de futuro alimenten sus miembros”. Como somos más los y las que queremos alimentar un futuro distinto a esta pesadilla de desigualdades, de darwinismo social, de aniquilación de la lengua propia, de incultura, de negacionismo científico, de ultra nacionalismo español, de desmemoria democrática, de odios… vale la pena resistir. La historia no se espera, se hace. Y en ese hacer historia la movilización social es fundamental. ¡Habrá más y más masivos 5 de mayo!

divendres, 10 de novembre del 2023

Contracumbre Social del Turismo: "Menos turismo, más vida"

 

Publicat originalment a Sin Permiso (05-11-2023)

El fin de semana pasado se celebró en Palma (Mallorca) la Contracumbre Social del Turismo, convocada por un buen número de entidades y organizaciones de la sociedad civil isleña. Se organizó en contraposición a la celebración, los días 30 y 31 de octubre, de la cumbre de los ministros de turismo de los 27 estados miembros de la Unión Europea, con motivo de la presidencia española del Consejo de la UE.

No era la primera vez que un consejo informal de ministros/as de turismo europeo se reunía en Mallorca. La anterior reunión se celebró en el año 1995. Es interesante recordarlo porque en el año inmediatamente anterior al de la primera cita ministerial europea habían llegado a las Islas Baleares un total de 7,9 millones de turistas. El número de llegadas turísticas del año 2022 alcanzó la espectacular cifra de 16,4 millones. Estos datos hablan por sí solos de la impresionante huella sobre un territorio pequeño, fragmentado y frágil (recursos naturales, infraestructuras, convivencia residente-visitante, etc.)

Es pertinente recordar también que hace 18 años los responsables turísticos europeos ya hablaron de los problemas que ocasionaba esa huella turística, a lo que añadían su supuesta preocupación por las necesidades de mano de obra, o las condiciones laborales. Trascurridos dieciocho años, la cumbre oficial de este año se ha celebrado en torno a un eslogan sonrojante: "El camino hacia la sostenibilidad social del turismo en la UE" (sic). Otro bla, bla, bla, burocrático-institucional que no es otra cosa que un reconocimiento, repleto de subterfugios, pero explícito, de que el capitalismo turístico está absolutamente resuelto a ignorar las lecciones de la pandemia del covid-19 y las advertencias de la comunidad científica.

Es evidente que las lecciones pandémicas y la ciencia recomiendan decrecimiento turístico, y, en consecuencia, reducir el insostenible (económica, social y democráticamente) monocultivo turístico; proporcionar mucha mayor protección al trabajo asalariado y autónomo del sector del turismo; y avanzar en la garantía de la existencia material de las clases subalternas, independientemente de los mercados de trabajo.

Por eso tenía tanto sentido convocar la Contracumbre Social del Turismo para debatir sobre la otra cara del turismo, sobre las verdades incómodas del modelo neoliberal desatado de turistificación en el contexto del actual capitalismo voraz. Verdades en términos de aportación de la industria turística al calentamiento global, de negación de calidad de vida a las personas residentes, de crecimiento de las execrables desigualdades sociales, de las múltiples –y estructurales- precariedades (no solo laborales) que genera el turismo, de la incompatibilidad entre turistificación y ejercicio de verdad del derecho a la ciudad (o a la isla, en nuestro caso), etc. En fin, se trataba de compartir análisis críticos e imaginar futuros deseables para desdecir el nefasto pensamiento de la inevitabilidad de lo que hay. Y, efectivamente, en los debates de la Contracumbre Social del Turismo se ha hecho mucha diagnosis de la situación alternativa al discurso mainstream.

La contracumbre de los movimientos sociales se articuló sobre los siguientes contenidos: En los actos previos se celebraron dos importantes mesas redondas: “Por un modelo turístico que no nos empobrezca”, organizada por el movimiento vecinal de la ciudad de Palma, fue el título y el contenido de la primera de ellas. La segunda llevó el título de “Menos cruceros, más vida. Una lucha global”, y estuvo organizada por la Plataforma contra los megacruceros y el Fórum de la Sociedad Civil. Ya en la contracumbre, propiamente dicha, los debates giraron en torno a: 1. Transporte y turismo; 2. Turismo y cambio climático; 3. Precariedad laboral y turismo; y 4. La sociedad turistizada (género, migración, antirracismo, prostitución, espacio público, vivienda, vecindad y cotidianidad).

Las organizadoras de la Contracumbre Social del Turismo me propusieron que interviniera en el debate sobre precariedad laboral. Lo que sigue es una versión algo más extensa de mi intervención inicial en el debate:

Cuatro aspectos para una diagnosis alternativa al mainstream.

1. El concepto precariedad se ha asociado demasiado –casi en exclusiva- al ámbito del mundo del trabajo, especialmente del trabajo remunerado, como si en los ámbitos de los trabajos no remunerados, tan esenciales como los de cuidados de la vida, no existiera precariedad, entre otras cosas, por las relaciones derivadas del sistema de poder patriarcal.

Es lógico que sea así por, en mi opinión, dos razones principales: a) El trabajo remunerado continúa siendo el mecanismo principal de redistribución de la riqueza generada. b) Continúa habiendo un importante sector de la sociedad –y del pensamiento crítico- que, contra toda evidencia, sostiene que "la clase obrera" sigue siendo el sujeto revolucionario principal. Yo, dicho sea de paso, soy - siguiendo entre otros a Sandro Mezzadra- más del “movimiento de movimientos y la multitud" como verdadero sujeto del cambio.

Sea como sea, la precariedad actual es un constructo sociopolítico fruto de décadas de retrocesos en seguridades vitales. Es un triunfo del neoliberalismo que ha conseguido instaurar un modelo de sociedad en el que sólo la gente rica y muy rica tiene seguridades vitales.

Creo que no prestamos suficiente atención a lo siguiente: La generalización de las precariedades pone en crisis el modelo de representación democrática. Estamos en presencia de sociedades desdemocratitzadas, sin impulso igualitario como consecuencia de la derechización de las izquierdas partidistas ¡Abandonar el objetivo de acabar con la desigualdad social, sustituyéndolo por un inconcreto objetivo de disminuirla, tiene evidentes consecuencias!

Las sociedades de las precariedades múltiples son, en definitiva, los "Estados de inseguridad" de los que nos habla Isabell Lorey en "Estado de inseguridad. Gobernar la precariedad", donde se gobierna la inseguridad y la precariedad para que nada sustancial cambie; donde las mayorías sociales sufren, con más o menos intensidad, toda una gama de angustias.

Esas precariedades (laboral, existencial, sanitaria, habitacional, cultural…) ejercen hoy el efecto de disciplinamiento social de las clases subalternas que antaño ejercía el “ejército industrial de reserva” (Karl Marx).

2. Las sociedades turistificadas son sociedades con precariedad democrática. He aquí algunos ejemplos que justifican esta afirmación:

a) Se impone una "ideología oficial”. Unos mecanismos públicos o publico privados de turistificació masiva de las mentes, de alienación turística. Es sabido que en el neoliberalismo global "es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo". En las sociedades turistificadas, imaginar el fin del crecimiento turístico infinito es tan difícil como imaginar el fin del capitalismo. El pensamiento crítico radical sobre los efectos de la turistificación deviene en algo casi delictivo, y, en el mejor de los casos, marginable del debate público.

b) Son sociedades con una brutal carencia de transparencia democrática. Por ejemplo: Se oculta la cuantía del gasto público en promoción turística, o se niega el debate público institucional de informes como el de Greenpeace que explica los mecanismos de ingeniería legal de las compañías aéreas –con colaboración de las instituciones- para saltarse la prohibición que la UE hace al otorgamiento de subvenciones públicas directas.

El ejemplo más escandaloso de déficit en trasparencia democrática de las sociedades turistificadas es, quizás, el negacionismo y el menosprecio hacia la ciencia que practican. No cabe calificar de otra manera que, en el caso de las Islas Baleares, se menosprecien las recomendaciones del Comité de Expertos para la Transición Energética y el Cambio Climático de las Islas Baleares, y se obvie la ciencia sociológica y estadística, para, como se ha propuesto, instaurar indicadores socioambientales cualitativos más allá de los neoclásicos, o, en el colmo del negacionismo, la resistencia a medir, con los criterios que establece la UE (que no es precisamente un comando ecosocial radical), el volumen y las causas de la pobreza laboral que genera el turismo.

3. Aunque resulte increíble, en este diagnóstico de situación no se puede obviar que persiste la nula voluntad política de superar la dificultad de delimitación del trabajo turístico. Y, sin embargo, seguro que el empleo turístico es el grueso de ocupación laboral[i] que configura la situación de pleno empleo en las Baleares.

Según los resultados de la recientemente publicada Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al tercer trimestre de 2023 -los tres meses de mayor llegada de turistas-, la cifra estimada de personas ocupadas fue de 675.500, la tasa de actividad del 67,22%, y la de paro el 5,72%. La primera es la más alta y la segunda la más baja del Reino de España. Son cifras que, con leves variaciones, se registran durante todo el año. Por tanto, las autoridades gubernativas, las patronales y los grandes sindicatos no tienen, más bien al contrario, ningún reparo  para elogiar acríticamente una situación de pleno empleo.

Pero hay otra cara en estas cifras de empleo: La precariedad. Por ejemplo, este verano un 40% de las personas asalariadas tenía una antigüedad del contrato de menos de un año, y casi 1 de cada 4 de estas personas asalariadas tenían una antigüedad en la empresa de menos de un año. Con la barra libre, y a precio de saldo, del despido, es trabajo intensamente precario, sin seguridad. Otro aspecto de esta otra cara de las cifras de empleo es la existencia de ángulos muertos de precariedad laboral turística: Alquiler turístico, industria del lujo, cruceros y la siempre ocultada explotación laboral, es decir, aquellas prácticas empresariales –muy frecuentes en ámbitos turísticos- consideradas delitos contra los derechos de los trabajadores en el Código Penal.

Estas precariedades explican, en parte, que el pleno empleo no consiga mejorar las cifras de riesgo de pobreza. Según un reciente informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Socia de Baleares (EAPN-IB) sobre el Estado de la Pobreza en las Islas Baleares 2023, el indicador AROPE de 2022 (que incluye la tasa de pobreza, la privación material y social extrema, y la baja intensidad de trabajo en el hogar) se sitúa en el 21,5% de la población. Más de 252.000 personas están en riesgo de pobreza y/o exclusión social, y 200.000 por debajo del umbral de la pobreza, como consecuencia de la baja intensidad de trabajo en el hogar y la privación material y social severa.

La magnitud del riesgo de pobreza pone de manifiesto que, junto a la extraordinaria turistificación y los sonrojantes beneficios empresariales, el trabajo retribuido (especialmente el asalariado) no recupera su capacidad de asegurar inclusión social y la afectación de este riesgo alcanza, al menos en términos de inseguridad, a la, digámoslo así, “clase media”. Por eso no es arriesgado afirmar que la “clase angustiada” se ensancha. Y, paralelamente, se acrecientan los riesgos psicosociales, los problemas de salud mental, la medicalización en general, y la de ansiolíticos en particular. En fin, el fantasma de la posible exclusión social está muy asociado a las sociedades turistificadas en régimen de monocultivo turístico.

En cualquier caso –y esto es lo importante–, la cuestión no es si la situación laboral es de pleno empleo o no. La cuestión es si hemos superado las dinámicas estructurales que refuerzan la precariedad laboral y acentúan la devaluación del trabajo en el turismo (no me detendré al enumerarlas, pero, para una aproximación al tema –y al de la complejidad de determinar qué es empleo turístico– recomiendo leer a Ernest Cañada en "Turistificación Global"). No obstante, avanzo que estas específicas tendencias turísticas a la precarización del trabajo tienen que ver con las relaciones extraordinariamente desiguales de poder.

En cualquier caso, para lo que discutimos en esta Contracumbre Social del Turismo, la cuestión verdaderamente relevante es la siguiente: ¿Pleno empleo para qué modelo de sociedad?, ¿Un modelo social de "zona de sacrificio"? Es decir, ¿Modelo de sociedad de territorio habitado que sufre permanentes impactos socioambientales negativos como consecuencia de una actividad industrial –el monocultivo turístico- altamente contaminante? Es muy pertinente recordar que en la definición canónica de zonas o áreas de sacrificio se especifica que, originalmente, funcionaron como una promesa de mejora de las condiciones económicas y de desarrollo de las comunidades locales.

Una última cuestión sobre esta parte del diagnóstico. El gran historiador Eric Hobsbawm, a su obra "Historia del siglo XX", sostiene que, en la pos segunda gran guerra en los países capitalistas, excepto contadísimas excepciones (Hong Kong), existió un gran compromiso político de los gobiernos con el pleno empleo, pero, a la vez, su compromiso con la reducción de las desigualdades económicas fue bastante menor ¿Es este -en la época en que los efectos de la crisis climática será (¡ya lo es!) un poderosísimo factor de desigualdad- el modelo de sociedad balear del "pleno empleo"? Tengo la impresión de que "Pleno empleo" sin transición de modelo económico y social de verdad es una indeseable repetición de la historia.

4. El cuarto aspecto de este diagnóstico tiene que ver con la escasísima conflictividad laboral en los sectores troncales del turismo. Hoy en las Islas Balares hay casi dos generaciones de trabajadores y trabajadoras de, pongamos por caso, la hostelería y la restauración que nunca han hecho ni han vivido una huelga.

Otro sindicalismo debería ser posible, pero noticias como que "Los hosteleros quieren crear  el mayor plan de pensiones de España" no parece que anuncien una etapa de intensificación de la conflictividad laboral.

Las moderadoras de la mesa “Precariedad laboral y turismo” nos habían pedido dos propuestas que fueran más allá del corto/largo plazo. No en balde, la mesa se subtitulaba “Regenerado nuestros imaginarios”.

No fue una tarea fácil, pues imaginar el futuro turístico y del trabajo turístico con las incertidumbres que provocan la crisis climática, la inteligencia artificial, y la estupidez humana es un asunto propio de la teoría de la complejidad de Edgar Morin.

En cualquier caso, he aquí dos ideas que, en mi opinión, dan sentido a las luchas y propuestas concretas de hoy y de pasado mañana.

Me gusta imaginar una Mallorca (y todas las “zonas de sacrificio” del mundo que lo son como consecuencia de la turistificación) que:

1. Por los efectos sostenidos en el tiempo de una Renta Básica Universal e Incondicional (RB), y de la aplicación de la “Ley de bienestar para las generaciones presentes y futuras de las Islas Baleares” ha transitado por una estrategia integral de decrecimiento turístico, en la que han desaparecido las diversas angustias de las clases no estrictamente ricas y muy ricas, se ha superado la insostenibilidad democrática de las grandes desigualdades, donde las clases subalternas tienen garantizada la existencia material al margen del mercado de trabajo, y se ha sustituido el PIB como el indicador macroeconómico supremo por un indicador de calidad de vida con criterios de consumo ecosociales.

2. Ha dejado de ser una plataforma de multinacionales turísticas que exportan estractivismo medioambiental y cultural, y negación de la efectiva aplicación de los DDHH (de la declaración que este año cumple 75 años y de los DDHH emergentes). Me gusta imaginarme que todo ello ha sido conseguido mediante un no descafeinado “Instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre empresas y derechos humanos” del que los movimientos sociales de Mallorca (y del mundo) hayan sido fundamentales en su consecución.

Coda: El colofón de la Contracumbre Social del Turismo fue la manifestación de la tarde del lunes, 30 de octubre. La mera convocatoria ya fue un éxito. No es poca cosa la valentía de que una pluralidad de organizaciones, en un contexto de desmovilización y de transformación del modelo de “Todo Turismo” en uno de “Tiranía Turística”, convocaran a la ciudadanía mallorquina a reclamar "Menos turismo, más vida". Que la manifestación fuera muy concurrida fue un indicativo de que el hartazgo del estractivismo turístico sobre las vidas de las personas residentes va en aumento.

Timothy Snyder, en su libro "Sobre la tiranía" -muy pertinente en los tiempos que nos toca vivir, resistir y luchar-, afirma: "Solo somos libres cuando somos nosotros mismos quienes trazamos la línea entre cuando nos ven y cuando no nos ven"[ii]. La manifestación demostró que es posible movilizarse contra esa Tiranía Turística ¡Que podemos ser libres, porque nos vieron!




[i] El sector de servicios es el que concentra más ocupación (85,5%), seguido de la construcción (8,4%), la industria (5,4%) y la agricultura (0,7%). Datos EPA IVT2023

[ii]  Traducción mía del texto en catalán.