dimecres, 29 de febrer del 2012

La reforma laboral y sus peligros


Aquí  teniu una versió ampliada i en castellà d’un article  publicat anteriorment l web de la Fundació Gadeso i que ara ha publicat Sin Permiso

dilluns, 27 de febrer del 2012

Pensions i salaris

Fa uns dies la Fundació Gadeso publicà un documentsobre les pensions de finals de l’any passat. Independentment de la responsabilitat professional que hi pugui tenir en la seva  elaboració, recomano la seva lectura. Hi ha algunes coses  que a mi em criden l’atenció: 
El nombrós  col.lectiu de beneficiaris de la Seguretat Social:  170.761 persones a Balears.
La quantia de la cistella de totes les pensions és a Balears  un 9,5%  més baixa que la mitjana del Regne d’Espanya.  Però la diferència de les pensions que es reconeixen en la actualitat baixa fins a un -5,26%.
Si parlem de les pensions de jubilació -que són les  més  nombroses i importants- aquesta diferència entre el conjunt de l’Estat i Balears del total  de les jubilacions reconegudes  és del  9,7% i la de les noves del 7,3%.
És a dir, es redueix més la diferencia en allò que el salari cotitzat té menys pes. Una dada a retenir.



diumenge, 26 de febrer del 2012

Opinions que m'interessen especialment: LA LETRA ESCRITA



Chantal Maillard

“Se lo digo francamente, Señora”, le dijo el comisario de policía a Arundhati Roy, “este problema no podemos resolverlo los policías y los militares. El problema, con estos tribales, es que no comprenden la avidez. Y mientras no se vuelvan golosos, no habrá para nosotros ninguna esperanza. Le he dicho a mi jefe, quitad la fuerza y, en su lugar, poned una TV en cada casa. Todo se arreglará automáticamente”.

Hoy, después de muchos años pasados en el estudio de la letra escrita, empiezo a pensar que las sociedades ágrafas tendrían mucho que enseñarnos si tuviésemos la paciencia de escucharlas. Pueblos cuya economía de subsistencia respeta los ciclos naturales, pueblos que se saben formando parte del ecosistema y que, por tanto, ni lo degradan, ni lo corrompen. Pueblos que saben compartir su territorio con los demás seres que lo habitan y toman de él tan sólo lo que necesitan. Pueblos que no conocen el ansia.

Pero fueron silenciados porque se le atribuye a la letra escrita más valor y más poder que a la voz. La voz cambia, dicen; la oralidad no es de fiar. Y, ciertamente, lo escrito no varía, de allí que ciertas escrituras se hayan considerado “sagradas” y “verdaderas”. Pero la verdad es una noción de correspondencia, y cuando nada hay con que hacerla corresponder, la letra es pura redundancia y germen de “ideologías”: discursos de ideas que se alimentan de sí mismas. No obstante, las sociedades de la letra escrita consideran a quienes no la tienen pueblos “atrasados”. Cuando éstos levantan la voz, nadie se entera porque a nadie le interesa. Me refiero a los poblados rurales de la India pero también a los de África y a los de las selvas amazónicas y a las de Birmania y tantos otros de los que no tenemos noticia.

Los ágrafos no son noticia hasta que alguien les concede voz en la lengua oficial del mundo global. No se les oye porque no interesa que existan y si, en contra de los intereses capitalistas, hacen muestra de existir, se les neutraliza rápidamente: se les convierte en operarios, se les desplaza o se les mata. Es fácil despojarles de sus tierras: sin los títulos de propiedad que nunca han necesitado, su hábitat de repente pertenece al Estado, que se lo vende a las grandes empresas, mineras, pesqueras u otras sin que a nadie parezca importarle que devasten las costas, destruyan los manglares, contaminen las aguas costeras, intoxiquen el suelo y deserticen las selvas con industrias “de saqueo y huida”. Los gobiernos hacen oídos sordos.

Vuelvo la mirada hacia los pueblos ágrafos, hacia su milenaria sabiduría, y considero con terror nuestra economía de producción. Pienso en la cantidad de objetos útiles e inútiles que, en cada segundo, se están manufacturando en industrias que no paran ni de día ni de noche. Considero lo que cada aumento productivo le resta a la Tierra. Y tiemblo.


Nosotros, los que creemos en la letra escrita y, en razón de ello, nos pensamos mejores e independientes del resto de este mundo, ¿qué hemos hecho por él? Hemos colonizado, socavado y pervertido naciones, hemos aprisionado, esclavizado, vendido, oprimido, convertimos el sustento en mercancía. Crecimos y nos multiplicamos sobre cadáveres y restos. No dudamos en llamar “plaga” al crecimiento desmedido de una especie en detrimento de otra, pero no parece que seamos capaces de aplicarnos la palabra, a pesar de la evidente destrucción que nuestro crecimiento y nuestra voluntad de perdurar eternamente le depara al resto del planeta.

¿Volver a una economía de subsistencia? No parece que sea posible. ¿Decrecer? Como mínimo, debería intentarse. Al menos, menguar en soberbia, en individualismo, en creencias, y crecer en respeto y comprensión; cosas que a cada uno nos competen.



CHANTAL MAILLARD (Bruselas, 1951) fue profesora de Estética en la Universidad de Málaga y es autora de ensayos como Filosofía en los días críticos, Diarios indios y Rasa. El placer estético en la tradición india. Como poeta, fue Premio Nacional de Literatura por Matar a Platón y Premio de la Crítica por Hilos (ambos publicados por la editorial Tusquets).



Artículo publicado en Babelia, suplemento cultural de EL PAÍS, el sábado 25 de febrero de 2012.